Manuela Carrasco

Manuela Carrasco

Manuela Carrasco Salazar (Sevilla, 1958), Bailaora. Llamada por Juan de Dios Ramírez Heredia “la diosa del baile flamenco” cuando  sólo  contaba  con  18  años  de  edad,   nació  en  la  vega  de  Triana,  concretamente  en  el Tejado  del  Moro,  y  es  rama  del  tronco  gitano  de  Los  Cordobeses,  ya  que  es  hija  de  José Carrasco, El Sordo, gitano de respeto y bailaor macho que al principio se opuso a que su hija quedara expuesta a los sacrificios de la profesión y de Cipriana Salazar Heredia, emparentada
con Los Camborios. A los pocos años la familia
se trasladó a San Juan de Aznalfarache y algo después a Ia Costa del Sol. La estancia de sus padres en un restaurante del litoral malagueño le permitió debutar a los diez años en el tablao El Jaleo, de Torremolinos, que por entonces regentaba Mariquilla, para después pasar
a La Cochera Show sevillana hasta 1970, donde se codeó con las grandes figuras de entonces, Los Bolecos, trío integrado por Matilde Coral, Farruco y Rafael el Negro.

Al  año  siguiente,  esta  artista  autodidacta  se  enroló  en  la  compañía  de  Curro  Vélez, realizando  una  gira  por  Europa  en  la  que  visitaron países  como  Bélgica.  Holanda  y Alemania. sorprendiendo a propios y extraños con su baile por bulerías. A  su  regreso  a  la  capital  hispalense  trabaja  en Los  Gallos  y  en  el  homenaje  que  el Potaje  Gitano  de  Utrera  rindió  a  Manolo  Caracol,  lo  que  le  valió  para  marcharse  a Madrid  como  primera  figura  de  Los  Canasteros,  el  tablao  que  el  genio  de  la  Alameda teñía en la calle Barbieri y en el que no sólo sorprendió por su baile, sino que revolucionó la manera de vestir y de peinarse.
Aunque  el  repleto  Palacio  de  Deportes  de  Barcelona  se  rindió  a  sus  pies  llenando  el escenario  de  chaquetas,  el  año  1974  es  el  de  su  consagración  definitiva,  tanto  por  el triunfo que logró en la Reunión  de  Cante  Jondo,  de  La  Puebla  de  Cazalla,  como  por  el  Premio  Nacional Pastora  Imperio,  obtenido  en  el  Concurso  Nacional  de  Arte  Flamenco  de  Córdoba merced a la singularidad de sus bulerías (aunque bailó bastante mejor por soleá), y el correspondiente de la Cátedra de Flamencología de Jerez.
En  1976,  secundada  por  el  cante  de  Juanito  Villar,  consigue  en  San  Remo  (Italia)  el  Premio  Embajadores  de  la  Paz,  galardón  del  que  sólo  pueden presumir Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar, al tiempo que figura en Madrid en el espectáculo  ‘Gitano’,  junto  a  su  compadre  Camarón  de  la  Isla  (fue  su  madrina  de bodas  ese  mismo  año),  Juan  el  Lebrijano  y  Pansequito  del  Puerto,  regresando  de nuevo a Los Canasteros, lugar donde conoce a Joaquín Amador, su pareja artística y en la vida.
El  decenio  de  los  ochenta  se  le  muestra  favorable  con  su  participación  en festivales  de  la  canícula  andaluza,  donde  se  erige en  la  estrella  de  los  mismos  por mor  de  sus  soleares,  alegrías  y  bulerías,  a  más  de  participar  en  la  Quincena  de Flamenco  y  Música  Andaluza  de  Sevilla  (1981  y  1984),  acaparar  durante  una semana la atención de público y crítica en el Gran Teatro Olímpico de Roma (1981), figurar en el Primer Festival de Flamenco de París y poner de relieve su magnitud de  estrella  indiscutible  –  ante  la  propia  Pilar  López  que  le  llegó  incluso a  besar  la rodilla-, en la puesta en escena del espectáculo ‘Ayer, hoy y mañana del flamenco’ (1983), según idea original de Rafael Fernández sobre un libreto de Miguel A cal, hasta  culminar  el  año  el  3  de  diciembre  en  Madrid, .donde  la  Prensa  la  destacó como “reina de la noche” en el Festival de Flamenco y Arte Gitano, celebrado en el Palacio de los Deportes.

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